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Monitoreo del Glaciar Universidad con Equipos Emlid

Precisión GNSS para entender el cambio climático en la cordillera de O’Higgins

En plena cordillera de la Región de O’Higgins, un equipo de la Universidad de O’Higgins liderado por Hans Fernández Navarro se embarcó en un desafío tan fascinante como exigente: conocer en detalle los movimientos del glaciar Universidad, el glaciar más grande de Chile central. Con una extensión aproximada de 25 km², este gigante de hielo aporta cerca del 30% del caudal de la cuenca del río Rapel, un recurso vital para la vida, la agricultura y la economía regional.

Este trabajo se enmarca en la Estrategía Nacional de Glaciares, una iniciativa estatal que busca generar información de largo plazo sobre los glaciares y su rol en el equilibrio hídrico del país. Antes de 2019, el monitoreo sistemático de glaciares en la zona central era bajo, especialmente a escalas de detalle que permitieran comprender su dinámica real.

La iniciativa es desarrollada por el ICA3 de la  Universidad de O’Higgins, en coordinación directa con organismos del Estado, y pone especial énfasis en el monitoreo detallado del territorio de la comuna de San Fernando. Chile central, comprendido entre las regiones de Coquimbo y Maule, concentra glaciares estratégicos como Tapado, Juncal Norte, Bello, Pirámide y los sistemas asociados a la cuenca del Rapel. En este contexto, el glaciar Universidad destaca por su aporte hídrico y su relevancia territorial, considerando además que la cuenca del Rapel se ubica en una zona acuífera y vitivinícola clave para el país.

Tecnología en la altura: precisión centimétrica en condiciones extremas

Trabajar sobre un glaciar implica enfrentar condiciones de alta montaña particularmente exigentes. Durante las campañas, el equipo operó con temperaturas que oscilaron entre –5 y –10 °C, además de nubosidad permanente propia del ambiente cordillerano. A esto se sumó un terreno irregular, con presencia de grietas y superficies inestables, donde el transporte de equipos, herramientas y alimentación representó uno de los mayores desafíos logísticos, especialmente debido a la gran extensión del glaciar.

Para abordar estas condiciones, se implementó un esquema de monitoreo que integra distintas escalas de observación:

  • Escala macro, basada en imágenes satelitales.
  • Escala meso, que combina observación satelital con mediciones en terreno.
  • Escala micro, centrada en el monitoreo in situ mediante instrumentación GNSS de alta precisión, apoyada por imágenes satelitales.

Esta integración permitió no solo observar los cambios generales en la masa del glaciar, sino también medir con alto nivel de detalle su comportamiento dinámico.

GNSS en terreno: midiendo el pulso del glaciar

Para el trabajo en terreno se utilizaron receptores GNSS Emlid Reach RS3 y RS2+, seleccionados por su alta resolución de datos y su confiabilidad en entornos extremos. Con estos equipos fue posible medir dos componentes fundamentales del movimiento glaciar:

  • Movimiento vertical, asociado al derretimiento y adelgazamiento del hielo producto de las condiciones climáticas.
  • Movimiento horizontal, que refleja el flujo del glaciar y su relación con el aporte de caudal a la cuenca.

La compensación de inclinación integrada mediante la IMU del RS3 permitió trabajar con confianza sobre superficies inclinadas e irregulares, facilitando la toma de datos precisos incluso en sectores complejos del glaciar.

Durante la campaña se realizó la construcción e instalación de balizas, mediante tubos de PVC perforados directamente en el hielo. En cada punto se registró la altura y la posición exacta, repitiendo las mediciones en distintas estaciones del año —verano, otoño, primavera y nuevamente verano— con el objetivo de identificar variaciones estacionales y cambios en la masa del glaciar.

Datos que revelan el comportamiento del glaciar

La información obtenida permitió realizar un balance de masa, herramienta fundamental para determinar si el glaciar está ganando o perdiendo volumen a lo largo del tiempo. Los resultados preliminares muestran que, entre 2024 y 2025, el glaciar Universidad presentó una pérdida neta de masa de hielo, lo que se tradujo en un aporte estimado de 37 millones de metros cúbicos de agua al río Tinguiririca.

Asimismo, se detectó que las zonas más inclinadas del glaciar pueden desplazarse hasta 50 centímetros por día, mientras que los sectores más planos presentan movimientos mucho menores. Estos datos permiten comprender cómo la geometría y la pendiente influyen directamente en la dinámica del hielo y en su contribución al sistema hídrico.

Mirando al futuro

Este proyecto no solo busca comprender el estado actual del glaciar Universidad, sino también proyectar su evolución a largo plazo. La información recopilada contribuirá directamente al balance hídrico de la cuenca del río Rapel, al diseño de estrategias de adaptación y mitigación frente al cambio climático, y al fortalecimiento de políticas públicas basadas en evidencia científica.

De cara a 2026, se espera avanzar hacia un mayor nivel de detalle en la medición de velocidades del hielo, especialmente en sectores ubicados sobre los 4.000 metros de altitud, donde las dificultades logísticas han limitado el acceso. Además, se proyecta incorporar nuevas herramientas de monitoreo, como cámaras trampa, sensores LiDAR y vuelos de dron, así como extender el análisis al monitoreo de glaciares y permafrost.

Gracias a la precisión, confiabilidad y desempeño en condiciones extremas de los receptores Emlid Reach, este estudio se consolida como una referencia para futuros programas de monitoreo glaciológico en Chile. Durante toda la campaña, los equipos destacaron por su autonomía energética, permitiendo jornadas prolongadas de trabajo mediante el uso de baterías externas y sistemas de alimentación solares, así como por su rapidez en la obtención de soluciones precisas, incluso en entornos de alta montaña y sin acceso a internet.

La conectividad estable entre base y rover, a distancias de hasta 10 kilómetros, junto con la facilidad de uso y la robustez del sistema, permitieron al equipo concentrarse en la medición científica sin interrupciones operativas. En este contexto, los Emlid Reach RS3 demostraron ser una herramienta clave para el monitoreo glaciológico de alta precisión, aportando datos confiables que permiten comprender cómo están cambiando los glaciares de la zona central y cómo esos cambios impactarán en la disponibilidad de agua en las próximas décadas.

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